CRUCIFIXIÓN
-Revélanos ahora tu secreto, Maestro, ya que pronto morirás y has de resucitar en el reino de los cielos. Gritaba la turba exaltada a los pies del mesías crucificado.
-No es la bondad lo que os enseño. - dijo entonces el ungido -. Pues el hombre no ha nacido para ser bueno.
-No es la claridad lo que os enseño, pues soy sólo yo quien disfruta de su acto.
-No es la compasión lo que os enseño, pues es mi orgullo superior de hijo de Dios el que me ha llevado a exaltar mi amor propio en el sacrificio.
-No es la libertad, la justicia o la igualdad lo que os enseño, ideales pueriles con que los tiranos alienan los mansos rebaños; pues no soy un comunista.
-No es la fraternidad entre los hombres lo que os enseño, pues nunca nadie ha de reconocerse igual a su hermano.
-Es la voluptuosidad del dolor lo que os enseño; concupiscencia superior de la carne y del espíritu, que nos emparienta con Dios, revelándonos el secreto más hondo que anima la marcha tortuosa de la vida y del universo.
Siglos después de muerto y resucitado el redentor, su enseñanza seguía viva en el corazón de los hombres, quienes con pasión construían su historia a sangre y Fuego, haciendo del dolor su felicidad.