martes, 22 de abril de 2008

UN SABIO SABIO

UN SABIO SABIO

Su especial talento consistía en tomar un problema imaginario y darle una solución racional. De esta forma pudo resolver el problema de la inflación, concibiendo una especie de cuchillo, con el cual chuzarla para desinflarla, y también para atracar tenderos usureros, y transeúntes ataviados con celulares, cadenas o relojes. El problema del desempleo lo resolvió quitándole el prefijo a la palabra y poniendo a todo el interesado a reciclar basura, atendiendo él mismo la bodega de acopio. El problema de la injusticia lo resolvió sacando a los presos de las cárceles y metiendo en su lugar a abogados y jueces. El problema de la deuda externa lo resolvió creando la revolución y la guerrilla. El problema de la inseguridad lo resolvió procurando perros bravos a las personas. El problema de la paz lo resolvió repartiendo banderitas blancas, quitando las trampas alambradas en los aleros del Congreso de la República, dando maíz a las palomas para que caguen no sólo los bustos de los próceres de la patria, sino también, la memoria de todos aquellos que han creído que es posible cambiar las cosas. El problema de los servicios públicos lo resolvió enseñando a instalar contrabandos y a descalabrar operarios de las empresas de servicios domiciliarios. El problema del amor lo resolvió apelando a antiquísimas técnicas manuales y a condones reforzados. El problema de la felicidad lo resolvió con aguardiente, o en su defecto, con alelí con coca cola. El problema de la inmortalidad lo resolvió con una visita al cementerio Universal de los N.N, y con un baño de agua fría en el río Medellín. El problema de la libertad lo resolvió diciendo, simplemente que no existe. Y el problema de Dios lo resolvió con un retrato suyo, que es preciso colocar en la parte más visible de la sala de la casa, ante el cual es preciso mantener encendida una vela y prosternarse en la mañana y antes de ir a la cama, con recogimiento y devoción.